UN LUGAR PARA REPOSAR UNOS INSTANTES Y DISTRAERSE II

Tan solo con el ánimo de distraer un poco de tanta vorágine de información, creo este punto de no aculturación para el que decida echar un pequeño descanso.

Para el intrépido que quiera saber como empieza todo aquí:


LAS AVENTURAS DE ALÍ IB YUSUF

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LAS AVENTURAS DE ALÍ IB YUSUF II


(Dedicado al mejor iconoclasta de la red don LCC)






-¡Correo urgente para el sultán! ¡Correo para el sultán! – el enano corría con entusiasmo. Tras él, un sudoroso grupo de soldados transportaban su pesada carga.


El pequeñajo se introdujo por la trampilla de la gran puerta, sin dejar de corear su cancioncilla.


-¡Correo para el gran Abdalá! ¡Correooo…! –la patada fue limpia y certera, de una ejecución impecable, añadiría yo. El querubín voló con los brazos extendidos, cruzando limpiamente el marco de la
ventana, camino de la gloria.


-¡Le di! ¡Le di! –fuera en el vestíbulo de espera, los perdedores pagaban sus apuestas.



Para cuando el esforzado pelotón entró con su mercancía, Abdalá II, custodio de los pobres, invicto caudillo de los ejércitos y gran masturbador de reinos por la gracia de Alá, aún seguía saltando de
contento.


-No pregunte mi señor, no pregunte. –Se adelantó a contestar el oficial, ante la irónica mirada de su sultán.


Alí comenzaba a recobrarse tímidamente-. ¿Dónde estoy...? ¿Ya voy amorcito? –La estancia no paraba de dar vueltas y su sultán...lo miraba desde muy arriba-. ¿Qué hace
Abdalá II en el cuarto de Surimei? –Se preguntaba confuso.


-¿Adónde lo dejamos, mi Señor?


-Ahí mismo. Ahí mismo. –Repuso sonriendo y señalando hacia un grupo de desproporcionados cojines.


Sin muchos miramientos, soltaron al mareado capitán de lanceros sobre los almohadones. El tronco volvió a impactar en sus partes.


-¡Huachii! -Sin comentarios.



La ciudad se desperezaba con los primeros rayos del sol. Estos rasgaban primero y reducían después a jirones la tenue bruma.


El palmeral situado a las afueras dejó entrever su exuberancia, al retirarse hacía las alturas los últimos velos de niebla. Allí se concentraban las grandes
caravanas de oriente, que tanta riqueza y prosperidad daban a Bagdad.


Cientos de camellos, burros y multitud de perros ladrando, desprendían de sus cuerpos volutas de vapor. Estas aparecían como escurridizos fantasmas ascendiendo y
desapareciendo al fin.


Cerca de allí y con las piernas ligeramente entreabiertas, se encontraba Alí ib Yusúf ataviado con una discreta túnica bereber, más acorde con el entorno en el que
debería moverse. Este hacía tratos con un joven camellero.



En esos momentos uno de estos impredecibles animales andaba correteando por la explanada, dando hora un par de saltitos, hora unos trotecitos con estiramiento de cuello
incluido. Ningún esfuerzo era poco con tal de conseguir la atención de un
pequeño y preto grupito de hembras que cerca de él, se berreaban las unas a las
otras.


Si el animal intuía que alguna mirada solapada se dirigía hacia su cacharro procreador, pues nada, vuelta a trotar y a saltar con más osadía y cada vez más
polvareda levantada. El resultado; ni puñetero caso.


Agotado y fastidiado por tan cruel indiferencia, decidió pegarse una gran meada.


-¡Mierda con el bicho! –Alí tuvo el tiempo justo para apartarse y evitar quedar salpicado.


-Es que es muy vital. –intentaba arreglarlo Bassir.


Aquel hombre necesitaba un camello y Bassir estaba decidido a venderle al descerebrado de Jorobadín, costase lo que costase. –Siempre está presto para
los viajes, –berrido en forma de pedorreta. –mírelo bien señor, nunca a estado
enfermo y es fuerte como diez burros.


-¿No se yo? –dudaba Alí. – ¿Y siempre anda tan excitado? Lo que menos necesito es realizar un viaje con un animal incontrolable.


-No se preocupe señor, una vez abandone la ciudad el calentón se le pasará como por arte de magia. Además esto le demuestra lo importante de su estado y si, Alá no
lo quiera, por cualquier motivo se viera envuelto en una situación apurada, le
aseguro por mi vida, que este magnífico camello le ayudará mejor que diez
leones. ¿Verdad que Bassir tiene razón, señor?


-No se, no se. –aún dudaba. Pero fuere como fuere, Alí acabo sujetando por las riendas a su nuevo y arisco camello.


-Por las barbas del Profeta, como babeas bicho. Y encima te llaman Jorobadín. ¿A ver si resulta que el nombre va a ser cierto?


Bassir no cabía en si de gozo, aprovechando los esfuerzos por hacerse con las riendas del nuevo dueño de ese salido, salió zumbando del palmeral. La suerte le había sido propicia. Por un lado su novia
Fátima había aceptado el casarse con él y por otro el engendro ungulado
desaparecía al fin de su vista.



-Temo haber sido engañado como a un principiante. -La necesidad urgente de emprender la peligrosa misión encomendada por Abdalá II, que Alá en su
infinita sabiduría lo proteja de los dolores de cabeza, le obligaba a no perder
mas el tiempo. Cuatro días por el ardiente desierto le separaban de su primer
destino; el puerto de Basora.


Y así, en una mañana resplandeciente comenzó un incierto viaje.




POLVO Y ARENA




Sobre la misma y enorme duna en la que el día anterior paró el joven Bassir, aunque con caminos total mente distintos, Alí también se detuvo para echar un último vistazo a la ciudad, envuelta
en una luz irreal. El sol iluminaba con un rosa pálido las cúpulas y minaretes.
Los grandes portones de las murallas, ahora recién abiertos, daban la bienvenida
a los vendedores con sus preciosas mercancías.


-Ah, cuanto tardaré en volver a verte querida ciudad. –Suspiraba.


Tiró del camello, pues le apetecía caminar un poco y así aclararse las ideas con respecto al plan a seguir. Pero Jorobadín no
estaba dispuesto a colaborar tan fácil mente, y no se movió ni un palmo de
donde estaba.


¿Dónde se hallaban las camellas? ¿Por qué sus pezuñas se encontraban de nuevo sobre la reseca arena? ¿Por qué sospechaba, como sus días de gloria, si alguna vez los tuvo, tardarían en volver?


-¿No llevamos ni media hora de marcha y ya me estás causando problemas? -Le dijo con calma. La respuesta fueron unos berridos y un sonoro pedo.


-¿Pero bueno? ¿Qué tipo de camello eres tú? -Más escandalera y mucho movimiento ondulante de su cosita, cerca de las manos de
nuestro intrépido capitán.


-¡Que es lo que pretendes sucio marrano! ¡No quiero ni imaginarme, la de cosas que haría tú dueño con tigo, pero esta tontería se va ha zanjar aquí y...! -Jorobadín
ante tanta cháchara, colocó su cabeza encima del turbante de Alí, babeando como
un mariposón.


-¡Por la piedra santa de la Meca! ¡Se acabó! -La patada sonó blanda y el camello mugió como nunca. ¿De donde habría surgido tanto dolor? El animal estuvo
saltando largo rato con sus partes doloridas.


A la caída de la tarde Alí ib Yusuf, dejo atrás los palmerales y las ricas tierras de cultivo, regadas por la confluencia de los dos grandes ríos, el Tigris y el
Eúfrates. Allí por donde un día pasara el gran Sargón II, rey de Asiría; ahora
pasaba él, con la cabeza altiva.


En una abandonada cabaña de pastores, pasó la noche.



El tiempo transcurría lento y monótono conforme se adentraba en la soledad del desierto. El sol en pleno cenit causaba estragos en la reseca tierra y
propiciaba diversos fenómenos ópticos al mirar hacia el horizonte. Lo mejor era
aletargarse encima de su montura y no realizar esfuerzos innecesarios durante
la marcha. Por la noche sucedía todo lo contrario.


Un frío intenso obligó al capitán a acurrucarse junto al camello para obtener algo de calor extra.- ¡Quita esa cosa de hay, bicho! - Mientras, insólitos sonidos llegaban desde cualquier parte
dándole a la noche un aspecto fantasmagórico. El intenso y brusco cambio de
temperaturas partía las piedras y agrietaba las rocas. Incluso pudo observar,
un raro fenómeno contado muchas veces por camaradas suyos cuando estos
acampaban en lugares como aquel; debido al mismo cambio térmico grandes rocas
se desplazaban, incluso, un metro de su posición original.


Durante el tercer día de marcha, tan solo algunos lagartos ó escorpiones indiferentes, se dejaron ver.


Alí, amodorrado por el sofocante calor, se mecía entre las jorobas del rumiante.


Jorobadín, con un caminar cadencioso, se comportaba de forma aceptable aún cuando mirara a su nuevo dueño, de vez en cuando, con la lengua fuera.


Una suave brisa comenzó a soplar del este y apunto estuvo de caer nuestro héroe, ante la brusca y repentina parada de su montura.


-¡Mierda! ¿Pero que narices te pasa ahora? -Le gritó, mientras intentaba sujetarse con dificultades sobre la silla.


Se incorporó sobre la montura y ante la evidente tensión del animal, se dispuso a observar desde su atalaya circunstancial, el enorme campo de visión que el desierto le proporcionaba.
Aparte de un grupo de enormes rocas situadas a su derecha, a medio kilómetro de
distancia, tan solo el yermo vacío existía.


- Me estas comenzando a hartar con tus gansadas, y me retrasas en la misión. ¡Venga en marcha gandul! -Exigió al final, dándole con la vara suavemente en uno de los
flancos del cuello.


Pero el bruto se obstinó en no moverse. Con el cuello totalmente estirado olfateaba intranquilo el aire. Algo en el ambiente lo asustaba.


De manera inesperada, comenzó a mugir mirando hacia un punto en concreto del horizonte. Y al fin Alí, también la vio.


Una inmensa cortina de arena se acercaba en la lejanía cubriéndolo todo a su paso.


-¡Alá misericordioso! –Era urgente el salir de aquella situación. Comprendía y temía el poder de aquellas tormentas sorpresivas. Muchas caravanas habían sido
tragadas por ellas; y de los hombres y animales que las componían, jamás se
supo.



De la quietud, Jorobadín pasó a una veloz y desenfrenada carrera. Apunto estuvo, de nuevo, de volver a tirar a su dueño.


-¡Pero a donde vaas! -Le espetó, sujetándose como pudo a la silla-. ¡Para borrico! ¡Te diriges hacia la tormenta! ¡Loco camello! -Alí intentó frenarlo, sin éxito.


La cortina de arena se convirtió en un vasto y denso muro, ocupando un frente de varias decenas de kilómetros.


Aquella parecía la madre de todas las tormentas del desierto. Vaya, me lo han puesto de nuevo a huevo.


Pensó en saltar y dejar al animal dirigirse solo hacía la muerte, cuando divisó las enormes rocas cerca de ellos. Entonces y solo entonces comprendió la repentina
locura de Jorobadín.


-¡Ah, que tonto he sido! ¡Corre Jorobadín! ¡Corre! –El jadeo del animal se confundía ya con el crepitar de la arena en movimiento.


El polvo ardiente llegó cubriendo las rocas y las sobrepasó a velocidad de vértigo.


Jorobadín apunto estuvo de desplomarse. Con un mugido ronco y reuniendo los últimos restos de energía, avanzó por entre la marea desatada. Una fuerza misteriosa,
le animaba a continuar.


-No lo conseguiremos. -El desánimo hizo mella en Alí.


La muralla de muerte, se abatió sobre ellos sin ninguna misericordia. Con los pulmones ardiéndole, el capitán cayó al suelo.




“LA GRAN REVELACIÓN”




Algo fresco rozó su cara, haciéndole recobrar levemente el conocimiento.


La lengua del camello, le seguía lamiendo al abrir los ojos y a duras penas consiguió sentarse. Se intentó orientar descubriendo, no sin sorpresa, el hallarse en el
interior de una cueva. No supo el como, pero no cabía duda que al final Jorobadín,
logró encontrar una abertura entre las rocas; a pesar de todo.


-Gracias buen amigo. Te debo la vida. -Le expresó agradecido, acariciándole la cabeza.


Fuera la tormenta se hallaba realizando un buen trabajo, mudando el paisaje.


Un murmullo proveniente del interior llamó su atención. Aguzó el oído pareciéndole, escuchar un cántico.


Se incorporó lentamente. Algo desconocido, irremisible y dulzón, le estaba arrastrando hacia la fuente del sonido. La misteriosa melodía, comenzó a provocarle imágenes de ambientes apacibles.


-¿Qué me está sucediendo? - Valles, colinas, cascadas y praderas floridas, aparecieron sin orden en su mente.


Observó, entrecortadamente, una tenue luz filtrándose por un recodo de la gruta. Algo pasó correteando en la penumbra. Ante su sorpresa, tropezó con un gato por allí
perdido.


-¡Miau! -Se quejó el felino, ante el atropello.


-¡Qué me la doy! - Perdió pié, cayendo al duro suelo-. ¡Huachii!


Se levantó orgullosamente dándose con la cabeza en el bajo techo. –Huachi, huachi. -y el cántico volvió a seducirlo, empujándolo dócilmente hacía él.


Llegó a un pasillo cincelado en la roca viva. Sus creadores debieron de poseer técnicas de excavación incomprensibles para él, pues no había visto nada
parecido en toda su vida; siendo como era Bagdad, la que poseía en aquellos
tiempos, a los mejores y más hábiles talladores de piedra del mundo.


Las paredes y el techo eran totalmente lisas. Ni una arruga se apreciaba en la veta.


- ¿Que manos tan prodigiosas, lograron crear… tanta perfección? -Alcanzó a medio pensar, por entre las brumas de su mente.


Una bifurcación apareció de la nada y el murmullo musical lo llevo por el pasillo de la derecha, acariciando con cara de bobalicón, las paredes con sus manos.
Pero de nuevo, no se fijó en la altura del techo.


-¡Huachii! ¡Mierda y huachi!


Entre la cancioncilla y los golpes llegó, sin saber como, al final del largo y estrecho corredor. Y aquella enorme estancia apareció ante él. Una hoguera
situada en un hueco de la roca, la
iluminaba difusamente, dejando entrever en sus paredes, pinturas con escenas de
caza y de recolección; posiblemente la
celebración de alguna fiesta de la cosecha. Imágenes esculpidas de reyes
antiquísimos, seguidos por una miríada de siervos, poblaban una extensa parte
del techo. Pictogramas ininteligibles aparecían grabados en las paredes, y el
solo mirarlos, le producían un intenso dolor de cabeza.


Con paso inseguro, pero sin poder evitarlo, se dirigió hacia la hoguera. Ni bien acabó de dar tres pasos, resbaló al pisar una caquita de gato. Al menos ahora
sabemos lo que andaba realizando el escurridizo por esos lares.


-¡Huachii! – El chico, lo pilla todo.


Se incorporó colocándose el turbante y avanzó de nuevo, haciendo eses al intentar apoyarse en la pared.



Lo que parecía ser el hueco, en el cual se encontraba colocada la hoguera, era en realidad una pequeña estancia. La poca iluminación daba lugar a falsas
interpretaciones.


En el interior una figura calentaba sus manos en las brasas.


Una desgastada cortinilla de tela, medio abierta, daba la entrada al aposento. Alí sujetándola, no dio un paso más. Un temor inquietante, a pesar de su letargo le
frenó.


Sentada sobre una alfombra de piel curtida, una anciana con los brazos extendidos, cantaba mirando fijamente las llamas de la hoguera.


La melodía cesó, produciendo un vacío desagradable en el cuerpo del capitán.


-Has tardado en llegar; Alí ib Yusuf. -Le recriminó, la voz cascada de la mujer-. Tu camello respondió a mi llamada, con mayor prontitud.


-He tenido algunas dificultades en el camino, señora. -Las palabras le surgieron pastosas-. ¿Y…cómo conocéis, mi nombre?
No creo haberme presentado. -Inseguro aún, seguía sujetando la raída
cortina sin atreverse a dar un paso-. ¿Que hará sola en este extraño lugar la
anciana? – Pensó de paso. Lento lo es un poco, pero a veces le pica la
curiosidad.


-Preguntas. Siempre preguntas. -La mujer hablaba sin mirarle-. Anda, ven y acércate junto al fuego. La temperatura en este lugar es baja, y no quisiera verte sufrir un
enfriamiento por tu indecisión.


Este obedeció de forma mecánica, sentándose. La luz ondulante de las llamas, permitían apreciar algo distorsionadas, las facciones de la vieja.



Esta era asombrosamente, añosa. Sus ojos se encontraban cerrados y medio tapados por unas pobladas cejas. Una ganchuda nariz, le destacaba sobre las profundas
arrugas del rostro. Los labios caídos, por la falta de dientes, acrecentaban
aún más, su decrepitud.


-¿Me has observado ya con detenimiento? -La cavernosa voz, produjo ecos en la estancia-. Bien..., ahora me toca mirar a mí. -Sus párpados se levantaron
pausadamente, dejando entrever unos ojillos verdes grisáceos, perdidos en sus
cuencas.


Alí se encontró ridículo, ante aquella situación. La señora lo miró fijamente, durante unos interminables minutos.


-Perfecto. Absolutamente, perfecto. -Expresó con un suave susurro, al acabar su inspección.


-¿Puedo preguntaros al fin, quién sois? ¿Y como sabéis mi nombre? -Insistió, mas intrigado que molesto.


-Te gusta fastidiar a una pobre anciana ¿verdad? – El tono estaba cargado de ironía ¿O tal vez, de velada amenaza? La nariz aparecía o desaparecía dependiendo de
la luz de las llamas.


-En un momento dado quizás se le dispare como una flecha. -Rumió creyéndoselo Alí.


-Anda no estropees este momento. No suelo tener muchas visitas y gozo al complacerme de esta manera.


-Insisto señora, el que respondáis a mis preguntas. –La mirada de ella pareció indicarle, más clara que cualquier frase dicha, como sus pies se encontraban entre arenas
movedizas. Así pues, meditándolo un instante cambió de tono, pero sin olvidar
su altanería tan ligada a sus genes.- Si
no me queréis responder, bien, no os obligaré a ello. Pero no puedo perder
mucho más tiempo en este lugar. He de marcharme, que Alá bienaventurado os
proteja, anciana. -Y se incorporó para irse, de aquel chocante lugar.


-¿Insisto? ¿No os obligaré? ¿No puedo perder más tiempo? -Repitió socarronamente la mujer.


-¿Os burláis de mi, señora? –Le señaló este muy confuso.


- Siempre tan arrogante. No tienes paciencia en nada y encima no piensas. ¿A dónde vas a ir con la tormenta arrasándolo todo, ahí fuera?


Se le había olvidado por completo la tormenta. Sintiéndose bastante tonto se dio de nuevo la vuelta y optó por volver a sentarse.


-Bueno, eso está mejor Alí. -Le dijo serenamente.


La mirada de ella se encontró con la de él.


Al observar detenidamente aquellas oscuras cuencas, el capitán de lanceros del gran Abdalá II, destructor de imperios y de eunucos, tuvo miedo por primera vez
en su vida. Vio en ellas la fuerza oculta de algo inmaterial y peligroso.


-¡No puede ser! Mi imaginación debe de estar jugándome una mala pasada. -Pensó.


-¿Y bien? ¿De verdad insistes en querer saber quién soy? ¿Crees estar preparado Yusuf? - Quiso saber burlona.



La situación se estaba volviendo tan condenadamente anormal que comenzaba, sin entender muy bien el porqué, a fascinarle. Ahora ya, la mezcla de curiosidad y
de temor se repartía sobre su cuerpo a partes iguales.


- Así es señora. –Le replicó sacando pecho. Pero mentía. Ya no se encontraba tan convencido de ese deseo ni tan seguro de si mismo, pero su dignidad y honor de
soldado estaba por medio y no se atrevía ha echarse para atrás. Antes morir que
huir.


-Bien, pues lo sabrás. – La anciana cerró los ojos y el cántico brotó de nuevo de su boca, pero con tonos y matices
distintos.


Un repentino vértigo le llegó a Alí, pillándole desprevenido.


La estancia se desvaneció y un paisaje sobrecogedor repleto de estrellas, ocupó su lugar. Un estallido de sonido, apunto estuvo de hacerle perder el conocimiento.



-¿Oyes el canto de las estrellas Alí ib Yusuf? Te lo dedican a ti. –Este escuchó la voz desde algún lugar lejano.


Intentó buscar algún asidero para no caer en aquella inmensidad abierta ante él. Atónito y encontrándose tan indefenso y pequeño como un bebe, vio, escuchó y sintió.



-Yo vi el comienzo:


“Las rocas de piroxeno y olivino configuraron el manto. El hierro fundido del magma fluía como un torrente, siendo expulsado por mil bocas saciadas, creando ríos
de lava, de un rojo intenso. Yo vi a las nubes piro plásticas ascender hacia
las alturas, dueñas del cielo. Con el tiempo aletargado, nosotros modifiquemos,
nosotros adiestremos a la matriz, nosotros le dimos la esperanza. Y así las
moléculas primarias formaron el caldo primigenio. Las sentí descomponerse y
regenerarse en un cruel torbellino de muerte y creación. Nuevas moléculas
oxidantes de alto contenido ácido, poblaron el nuevo caldo; aniquilando a sus
ancestros.


Observé al anhídrido disociarse de otros compuestos. El oxígeno luchó desesperadamente y encontró a su par, el hidrógeno. Los tres sellaron un pacto. Y ante semejante
caos, triunfaron.


Yo estuve allí, para ver el nacimiento de un sueño. El del deseo feroz de la vida.”



Tras el impacto de esas vertiginosas imágenes, la escena cambió a otras, no menos deslumbrantes.



“He danzado alegre entre el fuego, cantado junto al viento y caminado bajo los océanos. Las estrellas han sido mi morada y la tierra toda mi lecho.


Yo no mido los períodos en años, si no en eras.”



Dentro de aquella burbuja, fuera del tiempo y del espacio, aparecieron a la vista de Alí, ciudades rodeadas por formidables murallas. Hombres y mujeres desnudos de
cintura para arriba, entonaban cánticos, bailando alrededor de una gran estatua
femenina, la cual portaba a un niño en los brazos. Ellas con elaborados
peinados, y ellos con rizadas y cuidadas barbas. Animales nunca vistos por él,
eran ofrecidos en holocausto a su diosa.


La voz, la cual surgía desde el interior mismo de de su mente, proseguía con el relato.



“Reiné complacida, sobre todo el País de los Ríos.


El Tigris y el Eúfrates fueron un bálsamo para mi alma, y en sus orillas se desarrolló el crisol de las civilizaciones. Los restos de la perdida Atlántida recabaron en ese lugar, aunque eso sería otra
historia mucho más larga y maravillosa.


Me llamaron Astarté, diosa de la guerra, en Ur y en Lagás, e invocaron mi nombre incontables veces llenos de reverencia y temor, para luchar y matar. Su vanidad
por ser mis elegidos les hizo rivalizar y crear ciudades nunca vistas hasta entonces,
más y más altas más y más fuertes. Las conquistas y tras ellas los
oportunistas, trajeron enormes riquezas.


Fui Istar, diosa del amor y la fecundidad en Sumer, Acad y Babilonia. Soberbios y hermosos templos, se edificaron en mi honor. El crisol de culturas y saber
llego a lo exquisito y refinado. Pero tanta opulencia los torno aborregados y
sucumbieron al tiempo y a los cambios.


Más aquello ya pasó, está muy olvidado dentro de mí, ahora prefiero la quietud y la soledad.


Se pueden vivir mil vidas Alí ib Yusuf y tan solo pequeños retazos son mostrados. Más en el fondo nadie llega a saber del todo quién ó que es. Y de todas formas si se revela el secreto vosotros caminaríais sobre nuestros huesos. No...mejor así. Así está bien para nosotros.



Mareado y con nauseas, salió poco a poco del trance vivido.


-¿Te satisface la respuesta capitán? -Preguntó la señora, volviendo a cerrar los ojos.


-¿Qué extraño sortilegio habéis usado contra mí? –Un temblor frío recorrió todo su cuerpo, y su boca balbuceó al hablar-. ¿Y.. para qué fin?


-Vas a conseguir que pierda la paciencia con tigo, y eso no te conviene Alí. -La amenaza brotó, como la nieve helada-. Estas aquí porqué yo lo he querido, no
por tu camello, el cual por cierto, tiene tu mismo grado de inteligencia. -Al
concluir apretó sus desdentados labios, produciendo en su rostro una imagen
cómica.


- No logro comprender, como habéis conseguido recrear en mi mente tan fantásticas imágenes. ¿Todo ello, para convencerme de que vos sois poco menos que una diosa?


Se encontraba en terreno peligroso y su chulería sin límites, le estaba colocando en una comprometida situación.


-¡Como que poco menos que una diosa! -Ondas vibratorias, recorrieron la estancia-. ¡Soy! ¡He sido! ¡Y seré una Diosa! -La onda de choque producida por el estallido de
voz, desplazó violentamente a Alí, lanzándolo contra la pared del fondo.


-¡Huachii! -El brazo comenzó a darle punzadas de dolor.


Se incorporó, apoyándose en la pared. Ya no sabía lo que pensar. Quería resistirse a la evidencia; pues Dios solo hay uno y
es Alá. Se aferró a ese pensamiento. Era lo único que ahora poseía, para no dar
su brazo a torcer; aunque ya lo tuviera más que retorcido.


-Si es cierto lo que afirmáis señora, decidme una cosa ¿Hacia donde me dirijo? -Bueno que esperabais, el chico está confuso y es lo único que se le ha ocurrido.
¿Sería esta la última oportunidad, para intentar desenmascarar a esa anciana
farsante?





“LA OPORTUNIDAD PERDIDA”





-¡Por todos los flujos de energía, surgidos del disco de acreción del gran Devorador! ¿Tan chorra eres? -Se refiere, a las altas energías producidas en la fricción
de materia engullida por un agujero negro. El disco de acreción produce
torsiones magnéticas y surgen fotones de intensa radiación, cuyas colisiones
generan gran cantidad de microondas las cuales son expulsadas hacia el exterior
del disco. Vamos un paraíso de tranquilidad.


Yo por si un caso doy datos.


-¿Flujos, energía, Devorador? -A este lo dejamos como está.


-Cerca de las Montañas Nubladas, se halla un castillo y en el, a la que buscas. -Un sentimiento de frustración, emergió en ella. Cerró los ojos fastidiada y guardó
silenció.


-¡Por las babuchas del profeta! ¡Es cierto! -Saltó hacia atrás, como si un trozo de carbón recién sacado de las brasas, le quemara su intacto trasero.



La anciana ó lo que fuera, sonrió-. Estoy dispuesta a ayudarte en tu empresa, a cambio de un pequeño e insignificante favor por tu parte.


-¿Cómo pensáis ayudarme y a cambio de que? -Dijo a la defensiva, colocándose las manos sobre los costados para darse algo de confianza.


-Pero cuan chulito eres. Al como, es muy sencillo, pues te llevaré mecido entre el viento. -Alí ya no dudaba que semejante proeza pudiera llevarla a cabo la anciana ¿Pero a que favor
insignificante se refería? Las sombras producidas por el fuego, agrandaban la
figura de la mujer.



-¿No pensarás que te he traído hasta aquí, tan solo para contemplar tu bello rostro? -Sus ojillos brillaban, presagiando incertidumbre para Alí.


-¿A, no? – ¿Que tenía eso de extraño? Al fin y al cabo las mujeres de Bagdad se pirraban por él.


-Quo Procuo -acabó diciendo misteriosa-, tu me das y yo te doy.


-Decidme ya de una vez, como puedo ayudaros. Aunque no entiendo, como una diosa puede necesitar de mí insignificante ayuda. -La risa de la anciana dejo ver sus encías-. ¿Y ahora por que os reís?


-Tienes poca imaginación Alí. Una diosa lo puede tener casi todo, pero necesita, como es mi caso, también del amor físico y este debe ser entregado voluntariamente.
Así pues, deseo hacer el amor con tigo. Te elegí para eso.


Aún no había reaccionado Alí por la sorpresa, cuando la anciana ya estaba levantándose la blusa de lana negra. Ante los ojos de nuestro campeón, fueron mostrados unos
pechos arrugados y totalmente caídos, cuyos pezones se encontraban repletitos
de pelos.


-¡Aggg! ¡Por todos los santos lugares! -Ante tan inhumana aparición y con los vellos de la cabeza como escarpias, gritó y siguió gritando-. ¡No! ¡Y mil veces no! ¡Eso
no!


Lleno de espanto, se dirigió raudo hacia la salida. Bienvenida fuera la muerte bajo la tormenta, antes que acceder a semejante despropósito.


-¡Detente! –Rugió la vieja-. ¡Detente he dicho!


Una barrera imperceptible lo detuvo tirándolo hacía atrás-. ¡Huachii! - Ante la imposibilidad de huir se levantó del duro suelo, no sin antes colocarse bien el
turbante. Desenvainó su espada dispuesto para enfrentarse a aquel demonio.



-¡Maldito Alí! ¡Salvo tu vida de una muerte segura! ¡Te muestro lo que ningún ser humano ha logrado ni si quiera imaginar! ¿Y... me desprecias? ¡No tienes honor! – La
espada salió despedida de su mano clavándose en una grieta del techo.


Pálido como la cera, contempló como súbitos cambios operaban en el cuerpo de la anciana. La silueta se tornó borrosa, produciendo destellos amarillentos en su
interior. De pronto todo aquel baile fantasmagórico cesó con un fogonazo de luz.
Y el asombro golpeó con fuerza a nuestro viril hombre.


Ante él, se mostraba la más bella mujer desnuda jamás contemplada por ojos humanos.


Como esta vez si que me faltan adjetivos, no la describo. Solo puedo atinar a decir Cesar Invicto, vaya cañón de diosa. Allá cada cual con su imaginación.


-¡Ho, mamá! -Los dedos de sus manos se le hicieron huéspedes de tanto frotarlas.- ¡Ho, mamá!



-¿Comprendes ahora el porque los hombres, se destruían por y para mí? ¿De cómo, con mi sola presencia, reinos enteros se postraban a mis pies? ¡Y vas tú y me desprecias!


-¿Yo, yo...? -mascullaba el pobre Alí-. ¿Cómo podía adivinar...? ¿Como lo iba a saber? ¿Por favor, dejadme intentarlo de nuevo, hermosa diosa? Prometo serviros tal y como deseéis aunque muera en el esfuerzo
-Las manos le sudaban.


-¡Sucio rastrero! ¡Ya no hay vuelta atrás! -Toda la sala se estremecía, ante tanta fuerza desatada, hasta el turbante se desplazaba de un lugar a otro, sobre la
cabeza de Alí-. ¡Te ofrecí mi ayuda, a cambio de bien poca cosa! ¡Estoy
pensando en convertirte en mi marioneta particular! ¡Pero no! ¡Tu mejor castigo
será el olvido!


Su pelo negro ondulaba en el aire con un viento inexistente, acrecentando todavía más su belleza.


-Señora, jamás podría aunque quisiera, olvidar vuestro turbador rostro. ¡Os lo suplico… dejadme enmendar mi grave error!


-En tus sueños más profundos, apareceré atormentándote. Sabrás sin entender el porqué, como en tus manos pudo haber estado algo mágico y grandioso. Buscarás de nuevo
esa sensación pero se te escapará de
entre los dedos una y otra vez, fugaz y esquiva. Ese será tu tormento, amenos
que cambies de actitud ante la vida. ¡Y ahora, largo de aquí! ¡Ve y sumérgete
en el desierto! -La barrera de fuerza desapareció y otra distinta ocupó su lugar,
arrastrándolo al exterior. Hacia el olvido.


-¿Pero, pero? ¡Ho, mamá! ¡Dejadme intentarlo de nuevooo!


Sola en la estancia, la divina mujer se lamentaba.


-Debo cambiar de estrategia. A este paso no me comeré una rosca en centenares de años. Y el muy cretino, estaba realmente bueno.



Alí, tendido sobre la arena, se encontraba desvanecido. Los lametones de Jorobadín, lograron reanimarle por segunda vez.


-¿Qué...que ha pasado? -Se sujetó la cabeza con ambas manos-. Por todos los demonios, me va a estallar.


Miró en rededor suyo. Nada, tan solo su camello y él.


-Esto es muy extraño ¿Dónde están las rocas? ¿No había una terrible tormenta por aquí?


Trató sin éxito de ordenar sus ideas, más todo era tan confuso en su mente y aquel terrible dolor de cabeza, no ayudaba mucho que digamos.


-¡Istar! -Gritó, sin habérselo propuesto.


Imágenes confusas brotaron en su cerebro:


Una ciudad rodeada de altas murallas. Un Zigurat escalonado, representando la unión mística entre el cielo y la tierra, sobresaliendo por encima de ellas. Una
barcaza real, surcaba un tranquilo río. En ella, Alí y una mujer de indescriptible
belleza eran transportados a través de fragancias y sensaciones fluctuantes. Y
de pronto, nada. Intentó sin éxito profundizar en su mente, pues no quería
perder tan maravillosas reminiscencias. Más el dolor volvió con intensidad,
para recordarle cuán efímeros son los sueños.


Estas emanaciones se repitieron, dolorosamente, durante mucho tiempo en la vida de Alí. Pero se abstuvo de comentarlas con nadie.



Miró a su camello, el cual le observaba curioso. El hecho de verle allí, tendido en el suelo, quizás le producía al animal cierto regocijo.


-He debido de caerme y darme un buen golpe. -Dijo, mirando intensamente a su montura. Y una idea comenzó ha abrírsele camino. Después pasó a ser una certeza
para él-. ¿No me habrás tirado tú, aprovechándote de mi sopor? ¿Eh? -Jorobadín
se acercó al rostro de Alí, los gorgoritos emitidos por su dueño le llamaron la
atención-. ¡Y no intentes lamerme la cara de nuevo! -Ante semejante tono de
voz, Jorobadín, berreó sacándole la lengua.


-Anda, agáchate para que pueda subirme a la silla. No se cuanto tiempo habré estado sin conocimiento, pero te aseguro una cosa, vamos a recuperar el tiempo
perdido. ¡Que te agaches, leche! -Con dificultades, subió a su reacia montura-.
Nos encaminaremos hacia el este y esta vez, no se te ocurra tirarme.


El camello inició la marcha con un medio trote, dirigiéndose al este.


-¿Tu crees en la reencarnación, Jorobadín? -Este hombre desvaría por momentos. Vaya pregunta para un camello.


Ya se perdían en la lejanía, y un cuesco resonó con redobles en aquellos yermos parajes, a modo de respuesta.





SI NADIE REMEDIA ESTO A TIEMPO





CONTINUARÁ




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Comentario por Eridú el abril 18, 2010 a las 11:20pm
Como anécdota, querida max, te diré que durante mucho tiempo en mi niñez, este sueño se repitió. Supongo que de hay viene mi fascinación por la historia y lo que conlleva:

" ciudades rodeadas por formidables murallas. Hombres y mujeres desnudos de
cintura para arriba, entonaban cánticos, bailando alrededor de una gran estatua
femenina, la cual portaba a un niño en los brazos. Ellas con elaborados
peinados, y ellos con rizadas y cuidadas barbas. Animales nunca vistos por él,
eran ofrecidos en holocausto a su diosa."

Otros mas extraños y hermosos se han producido, pero permanecen en el baúl de los secretos. Tan solo ramalazos le doy a mi super chica, pero ella es mas fascinante.
Saludos gran hereje.
Comentario por max el abril 18, 2010 a las 2:22am
Me he quedado por: La oportunidad perdida.
Me gustas, tienes un lenguaje rico para expresar el relato y en él las comparaciones.
Leí un artículo sobre las piedras que se desplazan, puede que lo conozcas.
El regateo me ha hecho gracia y recordado mi ciudad natal, donde se regatea por ambos bando hasta la saciedad ¡ajajaja! Y los sirocos que nos hacían tragar tanta arena.
La anciana, antes de describir tan lujosamente cual es su naturaleza, me recordaba a un jin femenino de esas tierras, no sé bien como se escribe pues solo escuché anécdotas, (aunque creo que hay la historia de una reina tuareg que decía algo sobre ello, ahora no estoy segura.) su sonido es éste: hichan jandichan .
En cuanto lo termine te dejo un comentario, pobre querubín tiene que tener el trasero cuadrado XDDD

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