Libro Ay mis Abuelos Autora:Anne Ancelin Schützenberger

¡AY, MIS ABUELOS!

 

Lazos transgeneracionales, secretos de familia. síndrome

de aniversario, transmisión de los traumatismos y

práctica del genosociograma.

 

 

Anne Ancelin Schützenberger


 

Desde lo inconsciente al genosociograma.
La vida de cada uno de nosotros es una novela. Vd., yo, vivimos presos de una invisible tela de araña de la cual también somos uno de los maestros de obra. Si aprendiéramos a nuestro tercer oído1, a nuestro tercer ojo2, a captar, a mejor comprender, a entender, a ver estas repeticiones y estas coincidencias, la existencia de cada uno se volvería más clara, más sensible a lo que somos, a lo que deberíamos ser. ¿ Es posible escapar a estos hilos invisibles, a estas “triangulaciones”, a estas repeticiones?
Somos finalmente, en cierto modo, menos libres de lo que pensamos. Sin embargo, podemos reconquistar nuestra libertad y salir de la repetición, entendiendo lo que sucede, captando estos hilos en su contexto y en su complejidad. Así, por fin, podemos vivir “nuestra” vida, y no la de nuestros padres o abuelos, o la de un hermano fallecido, por ejemplo, y que “sustituimos” a sabiendas o no…
Estos nexos complejos pueden ser vistos, sentidos o presentidos, por lo menos, parcialmente, pero generalmente no se habla de ello. Se viven en lo indecible, lo impensado, lo no- dicho o lo secreto.
Pero hay un medio de modelar y estos lazos y nuestros deseos, para que nuestra vida sea a la medida de lo que nosotros deseamos, de nuestros auténticos deseos, de lo que deseamos profundamente y necesidad (y no de lo que tienen ganas los demás para nosotros), para ser.
Si no hay ni azar, ni necesidad, se puede sin embargo coger su suerte, cabalgar sobre su destino, “girar el sino desfavorable” y evitar las trampas de las repeticiones transgeneracionales inconscientes.
Que nuestra vida sea la expresión de nuestro ser profundo, es esto, en el fondo, la labor de la psicoterapia y de la formación. Después de haberse descubierto y comprendido a sí – mismo, el psicoterapeuta puede mejor entender, percibir, ver, casi adivinar lo que apenas está expresado. A veces se manifiesta por el dolor, la enfermedad, el silencio, el “lenguaje del cuerpo”, el fracaso, el acto fallido, la repetición, las “desgracias” y dificultades esenciales de su cliente. Entonces, humildemente, con todo su “saber” (aunque se trate tanto de un saber-ser, de un saber – ser con el otro y de escucharle, como de un saber- hacer, o de un saber (teórico), el terapeuta intenta ser el “go between”, el intermediario o el barquero, en el interface entre el yo y el yo del cliente, entre el que se busca y la verdad suya ( de él, el “cliente”, el otro), y su “partero” o su “comadrona” como lo decía Socrates.


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