

“Thomas Merton, el famoso místico católico, escribió un libro titulado Ningún hombre es una isla, que yo considero un tipo de teología propia del tercer chakra.
Merton explora el dilema espiritual de cómo debemos aprender a amamos a nosotros mismos -otra forma de decir que debemos desarrollar la autoestima- para poder dar verdadera, libre e invisiblemente a los demás
. Merton describe con gran brillantez el reto de despertar a la verdad de que cuidarse a uno mismo tanto como a los demás también es una forma de servicio. De hecho, en el fondo, uno no puede cuidar genuinamente a otra persona -libre de resentimientos y de deseos de reconocimiento- a menos que tenga la misma consideración y el mismo amor por sí mismo.
Merton escribe: No podemos amarnos a nosotros mismos a menos que amemos a otros; y no podemos amar a otros a menos que nos amemos a nosotros mismos. Mas un amor egoísta de nosotros mismos nos incapacita para amar a otros. La dificultad de este mandamiento radica en la paradoja de que tendríamos que amarnos de forma altruista porque incluso el amor a nosotros mismos es algo que debemos a los demás.
¿ Qué quiero decir con amarnos adecuadamente? Quiero decir, en primer lugar, desear vivir, aceptar la vida como un inmenso don y un gran bien, no por lo que nos da, sino porque nos capacita para dar a otros. Pero si vivimos para otros, descubriremos gradualmente que nadie espera que seamos como dioses. Comprenderemos que somos humanos, como todo el mundo, que todos tenemos debilidades y deficiencias, y que estas limitaciones nuestras desempeñan un papel sumamente importante en las vidas de todos nosotros. Es por ellas que necesitamos a los otros y que los otros nos necesitan a nosotros. No todos tenemos los mismos puntos débiles; y por eso nos complementamos y nos completamos mutuamente, aportando cada uno aquello que le falta al otro. Sólo cuando nos vemos en nuestro verdadero contexto humano, como miembros de una raza que está llamada a ser un organismo y «un cuerpo», empezamos a comprender la importancia positiva, tanto de los éxitos como de los fracasos y de los accidentes en nuestras vidas. Aunque nunca he conocido a nadie que tuviera una enfermedad terminal como consecuencia de haber dado demasiado, mucha gente acumula rencor, resentimiento y celos cuando sus esfuerzos pasan inadvertidos. El sufrimiento del tercer chakra es algo que se palpa inmediatamente; no hay sutilezas en las respuestas de un ego dolido o rechazado.
El plexo solar es una zona energética sumamente sensible, y lo es doblemente porque es el centro de la intuición para la supervivencia. Uno puede desangrarse energéticamente si da demasiado de sí mismo o da por razones equivocadas.
Como resultado de la fatiga del rescatador, se pueden desarrollar trastornos como la depresión, la fatiga emocional o el dolor crónico.
Tomar conciencia del propio yo, de quiénes somos y de lo que podemos y no podemos hacer es una de las tareas más importantes de la maduración espiritual y del viaje del héroe.”
© 2013 Creado por drmatrix.
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