Cómo llegar a los cien años sin meter la pata

Como dije en el artículo La gente no muere, se mata, para alcanzar la edad a la que deberían llegar todos y que no llega casi nadie, es más importante no cometer errores de bulto que cuidarse. Si la gente muriera de muerte natural, podríamos llegar a la conclusión de que si no han vivido más años es porque no se han cuidado lo suficiente. Pero, como nadie muere de muerte natural, quiere decir que casi todos han cometido un error que les ha acortado la vida. Por tanto, si queremos vivir la cantidad de años para los que estamos diseñados, tenemos que poner más atención en no cometer errores que en llevar una vida sana. No estoy diciendo que una vida sana no sea necesaria para vivir más de un siglo, sino que la vida sana no es suficiente si cometemos errores que acortan sustancialmente los años de vida que hubiéramos disfrutado sin cometer dichos errores.

He visto cientos de personas a mi alrededor arruinar su vida o destrozar su salud al cometer errores de bulto que no hubieran resistido el más mínimo razonamiento lógico. Repasemos un listado de los errores más graves:

LOS TRATAMIENTOS MÉDICOS SON LA TERCERA CAUSA DE MUERTE

Los estudios oficiales dicen que son la tercera causa de muerte, pero yo no estoy de acuerdo. Mi afirmación se basa en que las dos causas de muerte que van delante, han sido provocadas en un porcentaje muy alto por falsos diagnósticos, tratamientos absurdos e inadecuados, y la aplicación de medicina de guerra para tratar síntomas irrelevantes.

He visto someterse a tratamientos muy agresivos sin tener motivos, razones, evidencias científicas, ni ninguna necesidad. He visto cientos de amputaciones totalmente innecesarias. Miles de chequeos, análisis, pruebas radioactivas, inoculación de contrastes, biopsias absurdas, mamografías criminales, etc., etc.

Para prevenir estos graves errores no hay que acercarse a la industria de la enfermedad, pero eso no es suficiente. Además no hay que hacer caso a nadie que salga en la tele hablando de salud, alimentación, epidemias o el último crecepelo infalible. Sólo se pueden escuchar los consejos de los que hayan cumplido 100 años, para luego someterlos a un sano razonamiento en tercer grado.

Cuando se tengan dudas, se puede tomar ejemplo de los animales salvajes que tengan una biología parecida a la nuestra.

Cuando se tiene algún síntoma o problema de salud, hay que ser muy precavido para no hacer nada que pueda molestar o perjudicar las funciones habituales del cuerpo. Hay que darle al cuerpo lo que necesita para recuperar la salud, pero sin intervenir. Se le suministra al cuerpo lo que pide, pero sin meterse a mangonear. Él ya sabe lo que tiene que hacer. Si tiene sed se bebe agua, si tiene frío se arropa, si tiene calor o fiebre se pone uno con poca ropa y alguna compresa de agua en la frente, si no se tiene hambre no se come, si uno se nota con falta de vitalidad o cansado no va a jugar al tenis.

Cuando los que están a tu alrededor te dicen que tienes que tomar la iniciativa y hacer cosas para curarte, se les tiene que decir lo siguiente: por una vez que puedo disfrutar en primera fila del maravilloso espectáculo de ver cómo trabaja la sabiduría milenaria de mi cuerpo, no voy rectificar ese proceso imponiendo mi demostrada ignorancia, pues si no fuera un ignorante no estaría en esta situación.

LOS DEFECTOS HUMANOS

LA IGNORANCIA. Ser ignorante no es peligroso, siempre que no se tomen decisiones importantes sobre los temas que se ignoran. Todos ignoramos millones de cosas y no pasa nada, pero cuando tengamos que tomar una decisión que pueda afectar a nuestra vida debemos informarnos. He dicho informarnos, que no tiene nada que ver con acudir al “experto” a que nos dé la solución. Informarse es comprobar personalmente dónde está la verdad del tema sobre el que haya que tomar la decisión.

LA IRRESPONSABILIDAD. Las probabilidades de llegar a los cien años siendo irresponsables son remotas. Hay que tener en cuenta que todo el entramado social está diseñado para que nos explote en la cara. Alguien que no sea muy prudente y cauteloso no podrá sobrevivir mucho tiempo en esta jungla repleta de trampas para incautos.

LA AVARICIA. Querer ganar dinero de forma honesta no es ni malo ni bueno. El peligro reside en los medios que utiliza la mayoría para ganar dinero a toda costa. Ganar dinero de forma inmoral es malo para la salud, pues el sentimiento de culpa produce malas digestiones e insomnio. Ganar dinero perjudicando la propia salud es de imbéciles, pues con el dinero ganado luego no se puede recomprar la salud perdida. Es un mal negocio que hace mucha gente sin pararse a pensar lo que está haciendo. Ganar dinero con negocios que traen problemas y disgustos teniendo suficiente dinero para vivir bien, es un claro ejemplo de falta de razonamiento. El tonto que hace el negocio se traga los disgustos, y los herederos se gastan los beneficios en drogas, ya que no les han costado de ganar.

LA CREDULIDAD. Creerse cosas que no se han comprobado personalmente trae problemas, algunos graves. No importa si se cree en Dios o cualquiera de sus familiares, si la fe se ha depositado en los oncólogos o si se tienen puestas todas las esperanzas en las promesas del político que promete aumentar el gasto social al doble de lo que se recauda en impuestos (una repetición de la multiplicación de los panes y los peces en versión moderna).

Hoy en día está casi mal visto ser creyente, y todos alardean de ser ateos, pero no ha cambiado nada, pues su credulidad sólo ha cambiado de una creencia absurda a otra más absurda y más irrealizable. Se ha pasado con total naturalidad de creer en los milagros de la Virgen a creer en los milagros de la sociedad del bienestar.

El problema de creer en milagros es que la realidad se impone siempre, y si te pilla descolocado te puede hacer daño.
EL USO DE DROGAS. Todos saben que el consumo de drogas es malo para la salud, pero no todos identifican correctamente todas las drogas. Hay quien cree que las drogas legales son menos malas que las ilegales, lo cual no es verdad. Casi todos los que se meten en drogas ilegales antes han abusado de las legales.

Hay otras drogas adictivas con graves consecuencias que se dan a los niños en grandes cantidades sin pestañear: azúcar, glutamato, aspartamo, cafeína, teobromina, etc.

Y para terminar tenemos las drogas que produce nuestro propio cuerpo a demanda, que son igual o más peligrosas que las drogas que se compran, y que los adictos a esas drogas lo tienen como un orgullo. La temeridad, el estrés, los deportes de riesgo, la ludopatía en cualquiera de sus formas, los adictos al trabajo, etc.

Es poco probable que los consumidores de cualquiera de esas drogas lleguen a ser centenarios.

EL MIEDO. El miedo mata. Lo único que hay que temer es a tener miedo. El miedo se disipa con conocimientos e información veraz, pero es conveniente disponer de esos conocimientos antes de que alguien con una bata blanca te meta el miedo en el cuerpo con una sentencia inapelable de muerte. Si en el momento del diagnóstico/sentencia no dispones de los conocimientos adecuados, el miedo te paraliza y te impide que te informes imparcialmente. Es casi imposible convencer con evidencias científicas a un ignorante al que le han colgado una sentencia de muerte al cuello.

Por tanto, es muy conveniente informarse de los timos más habituales antes de que alguien intente arruinarte la vida.

Otra posibilidad más sencilla es no utilizar, pedir ni escuchar las opiniones de los “expertos”, ni sobre salud, ni sobre economía, ni sobre la educación de los hijos, ni sobre nada que sea medianamente importante.

LAS PRISAS. Como dice el dicho, las prisas son malas consejeras, y tiene mucha razón.

Que alguien te diga que te vas a morir no es grave, puesto que no aciertan ni una. Lo grave es que te entre prisa por solucionarlo y tomes decisiones precipitadas sobre temas que no dominas. Ahí reside el verdadero peligro.

Si me dijera alguien que me voy a morir en seis meses, le respondería si se atreve a apostar 50.000 euros a favor de su afirmación, pues yo estaría encantado de cubrirle la apuesta. Además, en la apuesta me comprometería a no someterme a ningún tratamiento. Seguiría haciendo mi vida y mi dieta habitual.

LA SOBERBIA. La gente soberbia se suele meter en líos porque se empeñan en que les den la razón.

Tratar de actuar en la vida situándose en el lado de la razón es encomiable, prudente y juicioso. Querer que los demás te den la razón cuando la tienes es infantil, es un signo de cabezonería que demuestra un completo desconocimiento de las miserias humanas.

Que alguien incapaz de valorar en qué lado está la razón te la dé o no, es irrelevante. Lo peor que se puede hacer es encolerizarse o disgustarse cuando no te dan la razón. Si caes en esa actitud infantil pierdes la razón aunque la tuvieras, pues te has rebajado al mismo nivel que la persona a la que criticas.

Si el primer tonto que pasa por la calle consigue que te disgustes por cosas banales y que envenenes tu sangre con disgustos y rabietas, el que tiene un problema serio no es el tonto, sino el que se ha dejado llevar por las tonterías del tonto, que al único al que le perjudican la salud es al que se cree más listo que el tonto.

Cuando dos están discutiendo a gritos, a cualquiera que esté mirando le es imposible adivinar cuál de los dos es el más tonto.

CONCLUSIÓN: cada día al levantarse hay que tener el firme propósito de no hacer el tonto, no dejarse embaucar por opiniones o actitudes de los demás, no tomar precipitadamente decisiones importantes sin los conocimientos adecuados, gestionar personalmente la salud y no creerse nada de lo que te digan (desde que hay Photoshop, tampoco puedes creerte lo que veas).

PROYECTOS DE FUTURO

La mayoría de los centenarios mueren alrededor de los cien años. Ello es debido a que se habían marcado el objetivo de llegar a los cien, y una vez conseguido no les queda nada más que hacer.

Hay que tener en cuenta que nadie muere sin haber dado su consentimiento. Si un médico le dice a una viuda joven con dos hijos pequeños que le quedan seis meses de vida, seguro que esa madre le dice al médico que siente contradecirle, pero que ahora no se puede morir, hasta que sus hijos se puedan valer por sí mismos, puesto que no tiene otra familia con la que dejarlos. Y no se muere.

Para evitar que al llegar a los cien años el subconsciente crea que ya lo tiene todo hecho, hay que tener unos proyectos de futuro y hacerlos públicos a menudo, para que siempre estén frescos en la memoria.

Como ejemplo voy a poner mis proyectos de futuro y que sirvan al mismo tiempo como regrabación de mi memoria.

A los 90 años pienso retar al campeón de España de Ping Pong y al campeón de ajedrez de ese año. Para que las partidas estén un poco igualadas, retaré al campeón de Ping Pong a jugar al ajedrez y al de ajedrez a jugar al tenis de mesa. Tengo bastantes probabilidades de ganarles a los dos, pero al menos a uno le gano seguro.

A los 100 años ya he dicho algunas veces que, para dar ejemplo y aliciente para que los jóvenes adopten una vida sana, quiero grabar un vídeo porno como protagonista y sin ayuda de las pastillitas de la Farmafia.

Para evitar el efecto 100 con los números redondos, a los 110 años participaré en un concurso de baile de rock acrobático. Seré el único concursante vivo que conoció en persona a los grandes mitos de la música rock.

A los 120 años invitaré a una paella vegetariana a todos los que hayan comentado en este blog durante esta década y sigan vivos. La paella la haré personalmente con fuego de leña. No quiero arriesgarme a dejarla en manos inexpertas y que nos quedemos sin comer. Este párrafo sirve como invitación personal e intransferible. La fecha y el sitio se comunicarán un mes antes del evento en este blog.

A los 130 años invitaré a todos a pasar un día en la playa comiendo sandía, con excursión de 10 Km encabezada por mí a primera hora de la mañana. Como fin de fiesta se servirá agua cebada granizada preparada por mí mismo.

A los 140 años, como los medios de comunicación no podrán seguir escondiendo mi presencia, no tendrán más remedio que dejarme que intervenga en un coloquio en directo. Es muy probable que sea el día más divertido de mi vida, aunque el resto no ha estado nada mal.

A los 150 años publicaré un libro, que será un refrito del libro de la derecha, pero que se venderá como churros por haber salido yo en la tele.

La estadística dice que a partir de los 150 años ya no vive nadie, así que no hace falta seguir con más proyectos.

Aquí hay un hombre de 179 años que dice que la muerte se ha olvidad... Yo propongo algo mejor y más seguro: en vez de arriesgarme a que la muerte se olvide de mí o no, mejor me olvido yo de que existe la muerte. Cada uno por su lado y tan amigos.

Como nota de humor, en este artículo la Doctora Otero dice que podremos vivir 500 años. Con un análisis de sangre que se anticipe a las enfermedades que se van a tener, se curan y todo arreglado.

Sólo tengo una pequeña duda: si ahora la medicina no sabe curar esas enfermedades, ¿cómo va a poder curarlas cuando salgan en el análisis? Voy a hacer un pronóstico: con esos análisis van a tratar de cáncer u otras enfermedades a personas que nunca lo hubieran tenido, y la mayoría de ellos van a tener una vida más corta de la que hubieran tenido si no se hubieran acercado por la consulta de la Doctora Otero. O sea, todo igual que lo que ya se hace ahora, pero multiplicando los falsos diagnósticos y los tratamientos innecesarios por cien.

Fuente: https://esdesalud.wordpress.com/2018/09/15/como-llegar-a-los-cien-a...

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